NOVIEMBRE
Centenario del cine Coreano

Cualquier persona interesada en el cine contemporáneo habrá descubierto que Corea del Sur posee en la actualidad una de las cinematografías más importantes en cantidad y calidad. No hay festival internacional que no tenga en su selección oficial uno o varios filmes surcoreanos. Nombres como los de Hong Sangsoo, Park Chan-wok, Bong Joon-ho, Lee Chang-dong o Kim Ki-duk forman parte del conocimiento cinéfilo universal, y con absoluto mérito. Corea del Sur, en las últimas tres décadas especialmente pero ya desde hace un siglo, ha logrado un sistema de producción que genera títulos de enorme calidad tanto en el campo del cine más autoral o independiente como en el mainstream. En realidad, dado que existe un evidente discurso personal donde se reorganizan las tradiciones tanto occidentales como asiáticas de un modo propio, el cine coreano permite comprobar lo ocioso de dividir entre “independiente” y “mainstream”. Con la colaboración del Instituto Cultural Coreano, celebramos el centenario de esta cinematografía con una selección de auténticas obras maestras.

Obaltan – Corea del Sur, 1961 – Duración: 110′ – Dirección: Yu Hyun-mok
Para muchos, Obaltan es la mejor película producida en Corea del Sur, elección dificilísima ante la calidad y cantidad de esa filmografía. Melodrama sobre la disolución de una familia, el film incluye las secuelas de la Guerra de Corea en varios niveles, e incluye elementos del policial negro, una fuerte influencia en la puesta en escena elegante y metódica. También es un relato sobre el propio cine, tematizado como un elemento central en la trama, y sobre la desesperación ante la oscuridad de un destino. Obaltan se ha transfomrado en una de las piezas centrales para la historia de la cinematografía coreana.

The Housemaid – Corea del Sur, 1960 – Duración: 108′ – Duración: Kim Ki-young
Una película de terror sin monstruo sobrenatural, o cuyo monstruo se esconde en lo aparentemente cotidiano. Una familia contrata a una sirvienta para sostener las tareas del hogar, pero esa mujer resulta alguien extraño que utiliza sus encantos y su propia psicopatía para llevar a todos los integrantes a la tragedia. Sin embargo, en una magistral vuelta de tuerca, el espectador se ve confrontado con sus propios deseos ocultos, con su necesiad de escuchar un relato de truculencias y sangre. Fábula irónica, narrada con perfección visual y con una historia que no evita el comentario social, se ha convertido en un verdadero clásico.

The Surrogate Woman – Corea del Sur, 1987 – Duración: 100′ – Dirección: Im Kwon-taek
Ambientada a fines del siglo XIX, este melodrama sobre clases sociales es una de las grandes películas de Im, uno de los realizadores más importantes del cine coreano contemporáneo. Un noble sin herederos varones, con la anuencia y el control de su mujer, toma una mujer sustituta solo para conseguir a ese hijo. Pero más allá de las reglas establecidas, la pareja se enamora y eso abre camino a la tragedia. Otro retrato social y crítico, va más allá de la época en que transcurre para ser metáfora del rol de las mujeres en la sociedad.

The Last Witness – Corea del Sur, 1980 – Duración: 158′ – Dirección: Lee Doo-yong
El intento de resolver un crimen sin aparente motivo lleva a un detective a involucrarse en una trama mucho más compleja de lo que parece en un principio, y las leyes del policial de suspenso, que permanecen funcionando en la película todo el tiempo, se combinan con las del melodrama y la revisión del traumático pasado coreano. Parábola y paisaje social, esta película es una obra compleja cuya influencia se puede rastrear en una parte importante de la cinematografía surcoreana -un ejemplo notable es la célebre Memories of a Murder, de Bong Joon-ho.

Peppermint Candy – Corea del Sur, 1999 – Duración: 135′ – Dirección: Lee Chang-dong
Todo cominenza con un suicidio, y todo prosigue, en cronología inversa, mostrando dos décadas de la vida de este personaje, de tal modo que podamos comprender el porqué de una decisión trágica. Lee es, sin dudas, el maestro contemporáneo del melodrama (no solo coreano), además uno de los más justamente reconocidos en el circuito internacional, con premios en los grandes festivales. Peppermint…, su segundo largo, muestra también la habilidad de Lee como creador de relatos (es un cumplido novelista además) y la manera precisa de mostrar emociones complejas a pura puesta en escena.

Yourself and Yours – Corea del Sur, 2016 – Duración: 86′ – Dirección: Hong Sangsoo
Un joven celoso, una prohibición y tentaciones varias. Hong no solo es uno de los realizadores más prolíficos de la actualidad (hasta tres títulos por año es su promedio), sino también quien mejor conoce las sutilezas del drama y la comedia románticos. Aquí, como en gran parte de su filmografía, recurre al relato en espejo, donde una situación de base, irónicamente, se refleja en la vida de uno de los protagonistas. Sutilmente autobiográfica -como todas las películas de este realizador notable- es también, de sus filmes recientes, uno de los más tiernos y emotivos.

Join Security Area – Corea del Sur, 2000 – Duración: 110′ – Dirección: Park Chan-wok
A Park lo conocemos entre otras películas por la notable Oldboy. Es un realizador que sabe cómo filmar la violencia y cómo sostener el suspenso, así como mantener los secretos de la historia para revelarlos como mazasos al espectador. Aquí tenemos un thriller de suspenso: dos soldados mueren en la “zona de seguridad” entre las dos Coreas. El acusado dice disparar en defensa propia; dos sobrevivientes, lo acusan de ataque premeditado. Una investigadora imparcial debe elucidar el asunto. La tensión del relato y la inventiva de Park hacen el resto: un cuento sobre un país quebrado contado con las armas del mejor entretenimiento.

Pietá – Corea del Sur, 2012 – Duración: 104′ – Dirección: Kim Ki Duk –
Otro de los realizadores más importantes del cine contemporáneo, los films de Kim combinan violencia, poesía y cierta meditación metafísica sobre el estado del mundo. Aquí seguimos a un mafioso de poca monta que trabaja de herir personas para que reclamen un seguro. Ese mismo hombre, imprevistamente, es visitado por quien dice ser su madre, una mujer a la que casi no ha visto y que lo sigue a todas partes, lo que lleva a una extraña y emotiva transformación. Con humor irónico, cierta recurrencia en el sufrimiento físico como camino de redención y precisa puesta en escena, Kim relata una especie de renacimiento.

The Host – Corea del Sur, 2006 – Duración: 121′ – Dirección: Bong Joon-ho
Una de las películas surcoreanas más exitosas de las útlimas décadas, es al mismo tiempo la historia de una familia quebrada que se reencuentra ante la adversidad, una sátira a la burocracia estatal, una película de monstruos (ríanse de Godzilla: el “Host” es de los más terribles monstruos jamás imaginados por el cine) y un cuento de esperanza y heroísmo al que no le falta ni el comentario político ni la épica. Todo lo que puede dar el cine “de entretenimiento” (una etiqueta que debemos dejar de usar) combinado en una historia de profunda emoción, según Bong, último -y merecido- receptor de la Palma de Oro en Cannes.


Festival de la República Dominicana

Algo muy bueno sucede en América Latina desde, por lo menos, el comienzo del siglo XXI: la producción cinematográfica y audiovisual en general ha crecido en cantidad y, sobre todo, en calidad. Un ejemplo es el de la República Dominicana, que tiene una importante producción anual que supera la veintena de títulos, muchos con presencia en varios mercados internacionales y en el circuito de festivales. Desgraciadamente, como suele suceder con aquello que no entra en los estándares de la distribución global, es altamente difícil ver estos filmes en circuitos comerciales. Con la participación del Servicio Cultural de la Embajada de la República Dominicana, presentamos en el Cine Bellas Artes dos filmes recientes que representan con precisión lo que está sucediendo en esta creciente industria cinematográfica del Caribe. En ellas hay romance y melodrama, comedia y equívocos, pero también -sobre todo- la pintura precisa y cercana de un paisaje social que no está en nada alejado del nuestro. El cine, lenguaje universal, nos une en estas imágenes, donde encontramos un espejo lejano en la geografía pero inmediato en su humanidad.

Lo que siento por ti (República Dominicana, 2018, 90′). Dirección: Raúl Camilo.
Una película coral que narra tres historias cuyo común denominador es la búsqueda de la inclusión social. Por un lado, una madre soltera con dos hijos con trastorno del espectro autista en una lucha cotidiana; por otro, una pareja que desea y no logra tener un hijo; finalmente, las vicisitudes del padre de un atleta que desea competir en los Juegos Olímpicos Especiales. Además de ser un gran ejemplo del melodrama, es también un llamado a la reflexión sobre las dificultades de quienes buscan formar parte de una sociedad plural y justa.

Colao (República Dominicana, 2017, 88′). Dirección: Frank Perozo.
En Jarabacoa, en el bello interior de Dominicana, un hombre de cuarenta años que ha pasado su vida cultivando café bajo el cuidado de su familia decide que es momento de cambiar un poco su vida, dejar la soledad, emprender otro camino y buscar el amor. Con elementos de la picaresca, mucho humor y ritmo, la película es una comedia romántica y, también, una mirada cariñosa y amable sobre las tensiones de toda clase de relación, desde la amistad hasta la familia. Un gran éxito en la taquilla de su país y de la región.